lunes, 8 de diciembre de 2008

Esa noche

¿Estás segura?- preguntó él
Sí- respondió ella.
Mientras él acercaba sigilosamente pero con avidez sus labios a los de ella, en un beso que le dejó un sabor diferente pero extraordinario. Es decir, ya no estaban juntos, no sabían si en algún momento el destino y las decisiones los reencontrarían pero mientras tanto decidieron ser felices unos segundos. Ese beso incluso fue diferente a aquellos que se dieron mientras decían amarse hasta el final.
Al término de ese breve encuentro, él sujeto su mano y entrelazó sus dedos con los de ella como si fueran novios, comenzaron a caminar en silencio hasta llegar a esa casa fría y vacía. Intercambiaron un par de frases, de pronto ella dijo ¿Qué crees?
La luminosidad del rostro del chico se percibió incluso en aquella profunda oscuridad nocturna. Sus ojos denotaban anhelo; anhelo por escuchar lo que muy probablemente ella también quería decir pero no se atrevió. Hubiera sido muy precipitado de su parte. En ese instante escuchó a la razón por primera vez.
Todo eso transcurrió en un instante y cuando ella se decidió a proferir una frase, sólo pudo decir una tontería, mientras él súbitamente había perdido en ese momento todo el brillo que sus ojos acumularon en el segundo anterior.
Minutos después se despidieron, fue ese día después de haberlo sentido tan cercano, que comenzó la lejanía entre ellos. Él cambió o tal vez no fue así, tal vez y sólo tal vez ella nunca fue perceptible a la realidad. Él no es quien solía ser. Los días transcurren, el tiempo pasa incluso aunque parezca imposible, de forma desigual, con treguas insoportables. Pero pasa.